Editorial Vol 2, Nº 1, Marzo de 2003

  

En los momentos en que escribimos esta editorial se ha desatado la primera guerra del siglo XXI. Los avances tecnológicos nos permiten observar la lluvia de misiles sobre Bagdad por la CNN (dicho sea de paso, alguna vez deberá estudiarse el impacto sobre la población general del hecho de ver –ya sea la guerra, ya sea el derrumbe de las torres–, en directo). Nuevas camadas de mutilados, heridos, huérfanos, etc., se unirán al vasto ejército de damnificados por la guerra, agregando otra vuelta al espiral de violencia: las Torres Gemelas, los atentados suicidas, las incursiones de represalia, la Guerra del Golfo… en una progresión al infinito (¿o deberíamos decir: regresión?). El desarrollo científico y tecnológico no ha llegado al punto de poder impedir que el ser humano siga siendo el principal vehículo de la traumatización del ser humano. Los intereses económicos siguen prevaleciendo por sobre la civilización.

El lado alentador de todo esto es que, al mismo tiempo, se han generado en todo el mundo movimientos por la paz. Particularmente en los Estados Unidos (con multitudinarias manifestaciones en Nueva York, Chicago, San Francisco, entre otras ciudades) donde una buena parte de la población aprendió las lecciones de Vietnam y sus consecuencias nefastas, no sólo sobre los veteranos, sino sobre la sociedad en su conjunto y sobre las relaciones con el resto del mundo.

No podemos olvidar que este nuevo período de desarrollo del conocimiento sobre los efectos de la traumatización, que desde hace más de veinte años estamos viviendo, surgieron y se apoyaron firmemente en el movimiento pacifista y de veteranos contra la guerra de Vietnam. Es sobre esta base que ha surgido la consigna "odiar la guerra, no al soldado", quien también sufre las consecuencias no sólo de ser agredido sino también de la agresión que lleva a cabo.

Independientemente de la valoración de la justicia/injusticia de las causas, como trabajadores de la salud, como profesionales del campo del trauma psicológico, estamos con las víctimas, con los inocentes, con quienes sufren en carne propia la violencia injustificada, ya sea de Bagdad o de la Torres Gemelas. Nuestra posición no puede ser otra que la de apoyo a la paz, a la resolución de los conflictos por medios no violentos, al respeto irrestricto de los derechos humanos y a la justicia.

Desde nuestro lugar, aspiramos a que nuestra publicación, al seguir desentrañando tanto los mecanismos de traumatización como de su tratamiento, sea un modestísimo aporte para la cultura de la paz.

En este número presentamos primeramente un artículo de quien fue uno de los pioneros en esa lucha de veteranos contra la guerra, Charles Figley (Director del Traumatology Institute), con un artículo en el que plantea la necesidad de extender la base de validación de las terapias que responden a los fundamentos teóricos desarrollados hasta el presente. Mordechai (Moty) Benyakar (Presidente de la sección de Psiquiatría Militar e Intervención en Desastres de la WPA) presenta su experiencia adquirida como psiquiatra militar a lo largo de tres guerras, combinando la visión de las escuelas francesa, americana e israelí en el abordaje y la intervención en situaciones de desastres. Raquel Cohen nos ilustra acerca de los programas de salud mental en situaciones de desastres y bio-terrorismo.

En los comienzos de cualquier publicación, la respuesta inicial es de fundamental importancia, tanto en la reacción positiva, como en el aspecto material. Al poner en circulación este segundo número queremos compartir nuestra satisfacción, y agradecer a todos aquellos que se interesaron por nuestra publicación, que ayudaron a difundirla en diferentes ámbitos, que la compraron o se suscribieron desde diferentes lugares del mundo, excediendo nuestras expectativas iniciales. Y a aquéllos que con sus anuncios brindan esa plataforma económica necesaria para la continuidad.

Esperamos seguir recibiendo más contribuciones, ya sea bajo la forma de artículos para publicar, notas con reseñas de eventos, libros para comentar, anuncios, etc. Y seguir mereciendo el apoyo que nos han brindado.

Volvemos a encontrarnos en junio.

Daniel L. Mosca, Director
Eduardo H. Cazabat, Director Asociado